La mente y los sueños
¿Qué son los sueños?
Soñar es una actividad que permite al ser humano desahogar algunas situaciones que en el estado consciente no es siempre posible abarcar.
Durante el sueño toda actividad y conducta es posible y permitida. Los sueños dependen de las experiencias vividas por cada ser humano; pueden también ser pesadillas que son las actividades oníricas que hacen que el sujeto se sienta, incómodo y amenazado.
El ser humano se permite soñar a través de los pendientes que tiene en su día a día y estando consciente no puede darle una interpretación y al estar dormido se permite desahogar todos esos pensamientos sin límites ni censura de nada ni nadie.
¿Por qué soñamos?
Soñamos ya que la actividad onírica desde siempre ha interesado al ser humano, pues el misterio de poder saber cómo es que producimos sueños plenos de escenas, de color, de diálogos y principalmente de símbolos tan únicos como nosotros mismos, resulta muy motivante.
Los estudios científicos indican que soñamos de tres a cuatro minutos.
Fases REM
Fase 1: esta fase corresponde con la somnolencia o el inicio del sueño ligero, en ella es muy fácil despertarse, la actividad muscular disminuye paulatinamente y pueden observarse algunas breves sacudidas musculares súbitas que a veces coinciden con una sensación de caída (mioclonías hípnicas) en el EEG se observa actividad de frecuencias mezcladas pero de bajo voltaje y algunas ondas agudas (ondas agudas del vértex).
Fase 2: se caracteriza por que aparecen patrones específicos de actividad cerebral llamados husos de sueño y complejos; físicamente la temperatura, la frecuencia cardíaca y respiratoria comienzan a disminuir paulatinamente.
Fase 3 y 4:esta es la fase de sueño No MOR más profunda, y se caracteriza por la presencia de movimientos oculares rápidos; físicamente el tono de todos los músculos disminuye (con excepción de los músculos respiratorios y los esfínteres vesical y anal), así mismo la frecuencia cardíaca y respiratoria se vuelve irregular e incluso puede incrementarse
Los estudios neurocientíficos más modernos sobre el tema opinan que los sueños son retazos de memoria del día anterior, que deben ser liberados al pensamiento consciente para “decidir” mantener el recuerdo al día siguiente o no. De este modo, mientras soñamos se nos presentan diferentes imágenes y situaciones, que aunque no tengan relación entre sí, nuestro cerebro busca una línea argumental ligeramente lógica. Por eso podemos ver a nuestros amigos mezclados con lugares imaginarios creando situaciones inverosímiles. Actualmente existen proyectos para estudiar el contenido de estos sueños y buscar relaciones psicológicas reales.
¿Qué pasa cuando no dormimos?
De modo resumido podríamos decir que dormimos para poder estar despiertos por el día y que, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día necesitamos dormir. El sueño es una necesidad básica del organismo y su satisfacción nos permite la supervivencia. Todo lo que pasa en el cuerpo humano guarda un equilibrio, y si falla este equilibrio el organismo tratará por todos los medios de volver a recuperarlo. Gracias a los experimentos de privación de sueño se ha comprendido que cuando se elimina “completamente” la posibilidad de dormir en un organismo, sobreviene la muerte. Cuando se le priva de sueño temporalmente o parcialmente, es decir no se le deja dormir un día, o no se le permite tener alguna fase concreta de sueño, en el organismo se produce en respuesta un aumento de la fase que se ha anulado y de la necesidad de sueño en los días posteriores a dicha privación. Esto viene a confirmar que el organismo tratará por todos los medios de conservar su equilibrio recuperando aquello de lo que se le ha privado.
a medida que aumenta la supresión de sueño, vemos como se produce un claro deterioro en el funcionamiento diurno; se produce una disminución del rendimiento intelectual con dificultades de concentración y utilización de la memoria, así como de la capacidad de abstracción y razonamiento lógico. Disminuyen los reflejos produciendo un aumento del tiempo necesario para reaccionar a un estímulo, lo que puede favorecer el riesgo de accidentes de tráfico, domésticos y laborales. Aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psiquiátricos, ya que se producen alteraciones en el estado de ánimo aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad. La privación severa de sueño, puede precipitar la aparición de alucinaciones (confundiendo imágenes resultantes de la imaginación con la realidad), alteraciones neurológicas y ataques epilépticos.






